• “Cada mujer es capaz de lograr lo que se propone”

    Entrevista con Carolina Pastora

    Emprender toda iniciativa con pasión es una de las claves que ha permitido a Carolina Pastora, gerente propietaria de Industrias Carphil, situarse como la empresaria destacada por parte de la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (APEN) en 2014. Ella además ha sido reconocida como la Mujer Exportadora en 2011 y en el 40 aniversario del Cosep, en 2012, fue distinguida como la Empresaria del Año. Pastora sabe que la disciplina, la actitud positiva y la claridad en su visión son muy importantes para ver hechos realidad los sueños.

    En abril de este 2015, Industrias Carphil, fábrica industrial de alimentos dedicada a la producción de rollitos y galletas tipo wafer, cumple seis años de haberse fundado y paralelo la empresa distribuidora (Sucomsa).

    Agradecida
    Carolina Pastora, gerente propietaria de Industrias Carphil, reconoce la labor que realiza la agencia de promoción de las inversiones, ProNicaragua, en su deseo de captar mayores niveles de interés en los mercados internacionales.Asimismo, agradece el asesoramiento que recibe de parte de la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua, de la cual ella forma parte de la junta directiva.

    El matrimonio formado por Philip Gammans y Carolina Pastora empezó su recorrido por el mundo empresarial hace 17 años, con una distribuidora de golosinas a nivel nacional llamada Gea Distribución, que introdujo los caramelos Arcor al país.

    Tras haber incursionado en un mercado cuyo futuro era muy prometedor, posicionarse a nivel nacional con galletas que a simple vista no parecieran nacionales, Industrias Carphil, con su marca madre Viveli, se ha abierto espacio en los stand de supermercados y tiendas de conveniencia de los países centroamericanos, Panamá y Belice. El reto ahora es consolidar ventas en Europa, Asia, Norte y Suramérica.

    Pastora estudió Publicidad con énfasis en Mercadeo. Su empresa, que inició con cinco colaboradores, hoy cuenta con un equipo de 40 personas en una fábrica ubicada en el kilómetro 38 carretera entre Las Cuatro Esquinas y San Marcos.

    Para cumplir sus objetivos de expansión doña Carolina, ¿qué acciones han realizado?

    Primero renovamos la marca. Investigamos el mercado europeo y más sobre las tendencias para posicionarnos con paso firme.

    Nos dimos cuenta que los sabores tropicales en esos destinos gozan de amplia aceptación y previo a nuestra participación en la feria Internacional Sial París 2014 preparamos una propuesta de rollitos de vainilla con rellenos de frutas tropicales. Ideamos empaques metalizados, con colores vistosos y atractivos. Cuando la gente pasaba por nuestro pasillo se sorprendía al saber que eran hechos en Nicaragua, pues no tenían la idea del potencial que en nuestro país existe para producir alimentos nutritivos, creativos y de alta calidad.

    ¿Cuáles son las metas a mediano y largo plazo que se han trazado?

    Pues primeramente queremos ampliar el porcentaje de producción para exportación y del gran total vender en otros países el 70 por ciento y el 30 por ciento dejarlo en el mercado nacional. Sinceramente queremos conquistar el mundo y que se sepa que en nuestro país se pueden hacer productos con calidad internacional. Que no exista un lugar donde no nos conozcan. Por ello hemos tocado distintas puertas que mientras no se concreten, no podemos brindar mayores detalles.

    ¿Qué significa para usted innovar?

    Para mí es crear. Estar al pendiente de hacer cosas nuevas y buscar aspectos novedosos. Creo que la innovación es un tema que debe aplicarse en todas las áreas de nuestra vida y saber qué es necesario para poder asumir nuevas metas y retos y de esa forma desarrollarse en un mercado cada vez más estricto y competitivo.

    Hasta de forma personal se debe innovar.

    “No ha sido fácil, pero tampoco difícil porque si trabajas todos los días y planificas hacia dónde quieres ir con tus sueños, se puede lograr”. Carolina Pastora, gerente propietaria de Industrias Carphil.

    ¿Cómo se siente al ser mujer, empresaria, madre y esposa?

    Feliz. Creo que es muy importante entender que cada mujer es capaz de lograr lo que se propone. Esos reconocimientos son una motivación para seguir haciendo las cosas como hasta hoy lo hemos hecho. Creo que todo se debe realizar con pasión. Cada día trabajo con pasión, amo con pasión, peleo con pasión, porque esto te permite dar más de lo que se debe. De hecho hemos dedicado 110 por ciento a todo lo que hacemos en la empresa.

    En todo esto, es importante inclusive ser creativo, esforzarse cada día por sacar adelante a la familia, pues las mujeres somos pilares en ese proceso de desarrollo.

    ¿Alguna vez le ha generado alguna fricción con su esposo, quién vela por lo administrativo en la empresa?

    Definitivamente, que mercadeo y finanzas jamás se ponen de acuerdo (sonríe). No son muy buenos aliados que digamos, pero soy consciente que el éxito para manejar un negocio familiar es el respeto. Hay que aprender a desconectarse de las funciones del trabajo y una vez que salimos de la fábrica, la prioridad es el fortalecimiento de la familia. En todo esto, el aspecto de la gobernabilidad es de vital importancia seguido del verdadero amor en las vidas, pues hay que luchar por la estabilidad en las familias.

    ¿Cómo es el balance de una mujer empresaria, esposa, madre e hija?

    Es difícil, no lo niego. El reto es mantenerse firme y es necesario mucho sacrificio para poder lograr cualquier objetivo. En ese proceso mis hijos crecieron y cuando vi ya estaban grandes. No los vimos crecer.

    ¿Le hubiera gustado tener más tiempo con ellos?

    Una de las cosas que no hago es que no me arrepiento de las decisiones que he tomado. Hay que ver hacia adelante siempre y aprender de esos errores del pasado. Estaría de más que me esté lamentando por esas cosas. Una de las frases que más me gusta de acciones correctivas es una que se refiere a que una madre no nace con todos los conocimientos del mundo, pero como seres humanos se debe aprender y mejorar.

    ¿Hubo algún momento en que quiso desistir de la empresa?

    Creo que es muy necesario aprender a manejar el estrés. Como cualquier individuo pasé por momentos difíciles, pero esas son las situaciones que nos ayudan a crecer, a mejorar o analizar cómo hemos venido haciendo las cosas en la vida.

    Doña Carolina, ¿en qué cree usted?

    En Dios por sobre todo. En la importancia de dar lo mejor de uno mismo todos los días. Creo mucho en el don del servicio. Me encanta servir porque de alguna u otra manera yo he sido muy bendecida, por esas razones creo mucho en Dios y lo importante para nuestras vidas. De ahí que surge incluso el nombre de la marca madre de nuestros productos: Viveli, que significa vive feliz. Es una forma de aprender a disfrutar el presente con énfasis en el futuro, pero sin descuidar cada uno de esos detalles que hacen cada día especial. Por eso nuestra empresa se concentra en brindar más que un producto un momento para que las amistades o las familias en cualquier instante compartan y disfruten de los regalos de la vida.

     

    Fuente: La Prensa

  • Alimentos procesados: ¿Qué busca el comprador canadiense?

    Para exportar alimentos procesados con éxito al mercado canadiense es necesario conocer las preferencias de los compradores y consumidores finales.

    El canadiense es un consumidor sofisticado dispuesto a pagar un mayor valor por la calidad. Sus exigencias son altas, entre las que sobresalen cualidades como lo orgánico y natural, así como la responsabilidad social y ambiental.

    Son razones que dan mayor peso a la importancia a las certificaciones de comercio justo, como kosher y halal, dado que son elementos altamente valorados por el cliente final, pero no excluyentes.

    Al hablar de alimentos procesados, el mercado exige productos orgánicos, frutas y vegetales, especies, hierbas y extractos de esencias, además de nueces y algunos paquetes como papas y platanitos.

    Las características del empaque, deben ir siempre enfocados a un mercado exigente. Entre los elementos que atraen la atención del consumidor canadiense son las envolturas y las etiquetas llamativas, informativas y modernas. Textos en inglés y, si es posible, en francés, que otorgan un gran valor agregado.

    Las porciones van desde un empaque familiar (alrededor de 300 – 350 gramos) hasta presentaciones personales. También existe una oferta de comida procesada a granel.

    La oferta es amplia, principalmente en las cadenas de supermercados regionales que manejan altos volúmenes de productos localizados en zonas latinas. Cualquiera que sea el canal de distribución utilizado (importador – mayorista – agente), la puntualidad, confiabilidad y calidad son los elementos determinantes para la prosperidad de la relación comercial con este mercado.

     

     

    Fuente: ProColombia

     

  • Pitahaya nica conquista EE. UU.

    A pesar de los efectos que la entrada tardía de la temporada lluviosa del año pasado provocó en el rendimiento de la pitahaya roja, el 2014 fue un buen año para esa fruta, pues aprovechó las ventajas que le proporciona ser el único país de la región que posee, desde diciembre del 2012, la certificación para ser exportada como fruta fresca a Estados Unidos, donde sigue conquistando el paladar de los consumidores.

    Las estadísticas del Centro de Trámites de las Exportaciones (Cetrex) detallan que en relación con el desempeño del ciclo anterior, en el 2014 el volumen de las colocaciones del producto en el mercado internacional creció en 57.67 por ciento, mientras que el valor de estas ventas creció en 69.34 por ciento. Más del 90 por ciento del total de los envíos de pitahayas se hicieron al mercado estadounidense.

    “La sequía del año pasado afectó bastante, la producción se retrasó. En mayo y junio no tuvimos producción, empezamos hasta en julio y terminamos en septiembre. Sin embargo, pudimos vender una parte aquí y exportar más a Estados Unidos, donde tenemos dos intermediarios latinos que nos apoyan y que para esta cosecha nos mantendrán los contratos”, dice José Antonio Marenco López, presidente de la Asociación de Productores de Pitahayas de Nicaragua (Appinic).

    Tradicionalmente, si las primeras lluvias caen a finales de abril o inicios de mayo, la cosecha de pitahaya comienza ese mismo mes. Pero el año pasado la entrada tardía del período lluvioso retrasó la cosecha y afectó los rendimientos y la calidad de la producción. Se estima que el rendimiento promedio pasó de cinco toneladas de frutas por manzana a unas tres toneladas. Además, la deshidratación que sufrió la fruta evitó que alcanzara el crecimiento óptimo.

    DEBEN CUMPLIR REQUISITOS

    Otro obstáculo que enfrentaron los pequeños productores de pitahaya roja, el año pasado, fue que los compradores exigen que la planta tenga una manga de embarque para los contenedores, para que una vez empacada la fruta no vuelva a tener contacto con el ambiente.

    “Eso nos obligó a contratar los servicios de otra planta y a trasladar el producto acopiado y a los trabajadores a la otra fábrica”, dice Ernesto Mendieta, vicepresidente de Appinic.

    Esto ocasionó un incremento en los costos y evitó que se exportara una mayor cantidad de la fruta fresca. Para superar este obstáculo, según Mendieta, invirtieron en la instalación de la manga de embarque en la planta de Appinic, la que esperan utilizar en la exportación de la cosecha de este año.

    Deben certificarse
    Aunque la Asociación de Productores de Pitahayas de Nicaragua (Appinic) espera tener este año una mejor cosecha que el año pasado, reconoce que uno de los obstáculos que enfrentarán es la falta de certificación de las plantaciones.Solo 30 de los 54 socios de la cooperativa iniciaron en el 2013 el proceso de obtención de la certificación de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), que comenzarán a exigir los importadores estadounidenses a partir de este año.Según los directivos de esta cooperativa que agrupa a la mayoría de productores de pitahaya del país, la fuerte inversión en infraestructura que debe realizar cada productor en su plantación ha retrasado el proceso de obtención de la certificación.

    “Eso significa que este año solo 30 productores vamos a estar listos para poder cumplir con los contratos que tenemos en Estados Unidos”, lamenta José Antonio Marenco López, presidente de Appinic.

    “Solo estamos a la espera de que funcionarios del Ministerio Agropecuario (Magfor) y del Ministerio de Agricultura de Estados Unidos (USDA, United States Department of Agriculture) vengan en este mes de febrero a hacer una inspección para ver si todo está bien y autorizan su uso para este año”, explica Marenco.

    Otro problema fue que la sequía también evitó que muchas frutas alcanzaran el tamaño y la calidad que exige el mercado internacional. No obstante, las frutas, que por el tamaño u otras irregularidades no alcanzan la categoría de exportación, se procesan y se venden como pulpa congelada o como fruta deshidratada. Una ventaja es que el precio es similar para todos los productos.

    SE VENDE MÁS PROCESADA

    De hecho, las estadísticas del Cetrex detallan que de los 1.16 millones de dólares que generaron las exportaciones de pitahaya a Estados Unidos el año pasado, 834,046 dólares corresponden a envíos de pulpa de pitahaya congelada y solo 317,510 dólares a colocaciones de fruta fresca.

    La mayoría de envíos de Appinic son de fruta fresca, pero existen otras dos plantas que la compran productores independientes y la envían deshidratada o como pulpa congelada. A partir de este año la cooperativa espera ofrecer también estas opciones.

    Los 54 socios de la cooperativa

    confían en que este año la entrada de la temporada lluviosa sea más regular para garantizar una mejor cosecha. Desde ahora realizan podas sanitarias, fumigaciones y repostean las plantaciones, con la esperanza de que las frutas no se deshidraten mucho y alcancen el tamaño ideal.

    Esta cooperativa cuenta con 54 socios que en su conjunto cultivan unas 400 manzanas en la zona de Ticuantepe. Pero solo unas 300 están en producción, ya que el resto acaba de ser establecida, con el fin de satisfacer la creciente demanda del producto en el mercado estadounidense.

    Según datos del Ministerio de Agricultura (MAG), en el país existen 700 hectáreas (unas 992 manzanas) dedicadas al cultivo de pitahaya, que producen unas 6,160 toneladas de la fruta cada año. Esto convierte al país en el mayor productor y exportador de la fruta en la región, ya que al menos el 50 por ciento de la producción de cada año se destina al mercado internacional.

    Sin embargo, el potencial es mayor, el MAG estima que existen unas 397,000 hectáreas (563,104 manzanas) aptas para el cultivo de esta fruta, que aún tiene un gran potencial por explotar en el mercado estadounidense.